La expansión de los alemanes durante la II GM fue tan rápida que en tres años -desde 1939 con la invasión alemana a Polonia hasta finales de 1941 con la conquista de los estados bálticos de Letonia, Estonia y Lituania- el III Reich controlaba la mayor parte del viejo continente. Los oscuros tentáculos de Hitler sembraban el caos, miedo y muerte entre los ciudadanos europeos que asistían aterrorizados ante el siniestro avance del régimen nazi.
Una de estas naciones fue Noruega. Los alemanes se fijaron en el país nórdico por su emplazamiento estratégico, ya que desde sus costas se podía controlar el Atlántico norte. Asimismo, la importancia del hierro como mineral para la industria bélica, que se extraía de Suecia y era exportado fuera de Escandinavia a través de los puertos noruegos, hacían que el país de los fiordos fuera de vital importancia para los planes del führer.
Una de estas naciones fue Noruega. Los alemanes se fijaron en el país nórdico por su emplazamiento estratégico, ya que desde sus costas se podía controlar el Atlántico norte. Asimismo, la importancia del hierro como mineral para la industria bélica, que se extraía de Suecia y era exportado fuera de Escandinavia a través de los puertos noruegos, hacían que el país de los fiordos fuera de vital importancia para los planes del führer.