Lo peor de querer ir de transgresor es, como muchas cosas en esta vida, creerse ese papel y quedarse a medias. Pasa lo mismo con la comedia o la ironía. Pensar que uno es demasiado bueno, más de lo que que en realidad es, deja en evidencia muchas carencias. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces -el refranero español siempre al rescate-.
La historia de las palabrotas es concretamente eso, un quiero y no puedo. En 6 episodios de 20 minutos se nos explica el origen histórico y su evolución de palabras malsonantes como fuck, shit, bitch, dick, pussy y damn -joder, mierda, perra, capullo, coño y maldito-. Un planteamiento muy original e incluso divulgativo que se pierde en su desarrollo. Carece de ese espíritu irreverente que la miniserie parece perseguir- Por no hablar de la elección de los personajes, unos supuestos cómicos que carecen de eso, de gracia.