El sistema político de Estados Unidos es uno de los más peculiares que existe en el mundo. El candidato de turno suele jugarse su puesto a pie de calle. Hasta el último momento, el día de las elecciones, todo detalle cuenta y vale para arañar el voto. Ese instinto del político, de bajarse al barro para rascar el máximo apoyo, le da al ciudadano medio la oportunidad de tener cara a cara a su político. Y si hay algo que en Estados Unidos no gusta nada en absoluto, a parte del comunismo, es la mentira. Algo con lo que tienen que lidiar tarde o temprano todos los políticos.
Eso sí, detrás de un candidato no solo está el partido por el que se presenta. De hecho, casi es lo de menos. Detrás de ese político que aspira al poder hay toda una trastienda, una maquinaria de asesores, centrados en que el mensaje llegue de la mejor forma posible a los electores. Es más, estos think tank son los artífices de catapultar la carrera política de una persona. Si bien es cierto que, en última instancia, es éste el que tendrá que jugársela y no solo poner el rostro.