1997, un año prolífico en la industria del cine. Titanic igualaba el récord de Oscars que ostentaba Ben-Hur; Jack Nicholson ingresaba en el club de intérpretes con tres estatuillas doradas; Full Monty enamoraba al mundo con su ingeniosa y entrañable historia;o Kim Basinger hacía lo mismo con su belleza y gran trabajo en L.A. Confidential. Pues mientras todo eso pasaba, Quentin Tarantino, además, se ponía otra vez tras las cámaras y rodaba Jackie Brown.
Jackie Brown -Pam Grier, Coffy-, la azafata que se metía en problemas con la policía por llevar dinero de un paraíso fiscal a Los Ángeles a un traficante de armas llamado Ordell Robbie -Samuel L. Jackson, Jungla de Cristal III-. Jackie Brown, la tercera película de Tarantino, después del éxito mundial que consiguió con Pulp Fiction. Jackie Brown, el único de sus trabajos que no había salido de su prodigiosa imaginación, sino que estaba basado en una novela de Elmore Leonard, considerada la menos tarantiana de sus obras y, sin embargo, quizá la más sólida dentro de su filmografía.